Ayacucho es una tierra donde las manos de sus artesanos transforman la materia en poesía visual. La joya de esta tradición es el Retablo Ayacuchano, una colorida caja de madera que, al abrir sus puertas, revela un universo minucioso de figuras hechas de pasta de papa y yeso que recrean fiestas costumbristas, motivos religiosos y la vida andina.El arte local va mucho más allá del retablo. En el pintoresco pueblo de Quinua, las casas lucen pequeñas iglesias de cerámica en sus tejados como símbolo de protección espiritual. Además, el delicado tallado en Piedra de Huamanga (un alabastro blanco translúcido) y los textiles tejidos a mano completan una herencia cultural única. ¡Llevarte una de estas piezas es llevarte un pedazo del alma peruana a casa!
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